(Nota del Editor: Es notable que las palabras de este pastor y teólogo del siglo 17 son tan atinadas y frescas, como si las dijera hoy)
Los textos originales del Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento, ¿nos han llegado
puros e incorruptos?
Por «textos originales» no entendemos los autógrafos escritos por mano de Moisés, de
los profetas y los apóstoles, que ciertamente no existen actualmente. Entendemos sus
«apógrafos» o copias, transcripciones, así llamados porque nos presentan la Palabra
de Dios en las mismas palabras de quienes las escribieron bajo la inspiración
directa del Espíritu Santo.
La pregunta no es si las fuentes son tan puras que no se ha introducido alguna falla
en muchos manuscritos, ya sea por el paso del tiempo, la falta de cuidado de los
copistas, o la malicia de los judíos o herejes. Esto es admitido por ambas partes y
las varias lecturas que Beza y Robert Stephanus han observado cuidadosamente en el
griego (y los judíos en hebreo) lo prueban claramente. La pregunta es, en cambio, si
los textos originales han sufrido tanta corrupción debido a la falta de cuidado de
los copistas que ya no se pueden considerar el punto de juicio de las controversias
y la regla a la cual deben atenerse todas las traducciones. Los papistas lo afirman,
nosotros lo negamos.
Los siguientes argumentos comprueban que las fuentes no han sido corrompidas.
1) La providencia de Dios. Por Su voluntad, estos libros fueron escritos por
inspiración (theopneustois) para la salvación de los hombres. Es Su voluntad que
continúen hasta el fin del mundo para que otros puedan recibir de ellos las aguas de
la salvación. Por lo tanto, El no puede permitir que los libros sean corrompidos
tanto que no puedan llevar a cabo su propósito. Dios ha dejado registrado en las
Escrituras su plan completo con respecto a la doctrina de la salvación, así que no
esperamos nuevas revelaciones. Por otro lado, Dios ha prometido su presencia
constante a la Iglesia. ¿Qué puede ser de mayor insulto a Dios que aseverar que El
ha permitido que los libros que contienen esta doctrina han llegado a ser tan
corruptos que no pueden servir como canon de la fe?
2) La fidelidad de la Iglesia Cristiana y la obra continua de preservación de los
manuscritos. Ya que los cristianos han trabajado con gran ardor para mantener este
depósito sagrado sin corrupción, no podemos creer que ellos mismos lo corrompieran o permitan a otros corromperlos.
3) La religión de los judíos, que han puesto gran cuidado y trabajo en los
manuscritos, llegando aún a la superstición. Por ello Josefo dice que luego de los siglos nadie ha tenido el valor de agregar ni de quitar nada ni de cambiar nada de los libros peculiares de los judíos en ningún aspecto y que consideran un honor
morir por las Escrituras. Philo, en su libro sobre la partida de los Israelitas de
Egipto va más allá, afirmando que «aún hasta ahora, por un espacio de más de dos mil
años, no se ha cambiado ni siquiera una palabra en la ley de los hebreos y que
cualquier judío preferiría morir cien muertes que sufrir que la ley sea alterada en
lo más mínimo». Cargan su ridícula superstición con respecto al manuscrito sagrado a
tal punto que si un libro de la ley corregido caía al suelo proclamaban un ayuno y
expresaban su temor de que el universo entero regresaría a su caos original, tan
lejos estaban de corromper los manuscritos.
4) El cuidado de los Masoretas no sólo sobre versos y palabras, sino sobre letras
individuales (que, junto con todas las variaciones de puntuación y escritura, no
sólo contaban sino que también anotaban, para que no pudiera haber base o siquiera
sospecha de corrupción).
5) La multitud de copias, porque ya que los manuscritos fueron repartidos a diestra
y siniestra, ¿cómo podrían corromperse todos debido a la falta cuidado de los
bibliotecarios, o la maldad de sus enemigos? Agustín dice: «Ningún hombre prudente
puede creer que los judíos, no importa cuán perversos o malvados, lo podrían hacer,
en copias tan numerosas y tan ampliamente difundidas». Vives dijo que esta debería
ser la respuesta a quienes argumentan que «los manuscritos hebreos del Antiguo
Testamento y los manuscritos griegos del Nuevo Testamento han sido falsificados y
corrompidos de tal manera que es imposible encontrar la verdad en estas fuentes».
6) Si las fuentes hubieran sido corrompidas, debe haber sido antes de la venido de
Cristo o luego de ella, ninguna de las cuales es verdad.
No puede haber sido antes. Considerando que Cristo pasa juicio sobre los puntos en
que se han desviado de la doctrina, El no hubiera guardado silencio al respecto ni
podría haber soportado el uso de libros corrompidos. ¿Le pareció de tan poca
importancia la salvación de Su pueblo que ni personalmente, ni por medio de Sus
apóstoles, nos da siquiera una advertencia por medio de una palabra de que los
libros de Moisés y los profetas han sido amañados, mientras a la vez juzga a los
judíos basado en estos mismos libros y a la vez invita a sus discípulos a que los
lean y los escudriñen? Si los libros ya hubieran sido corrompidos y falsificados
antes de Cristo, todas sus referencias a ellos tendrían que haber mencionado tal
problema.
No puede haber sido después, porque las copias que circulaban entre cristianos
hubieran hecho fútiles estos intentos y porque no hay la menor evidencia de tal
corrupción. Si este hubiera sido el caso, ¿por qué encontramos los pasajes en que
Cristo y los apóstoles citaron a Moisés y los profetas son iguales ahora, igual que
entonces, y de ninguna manera corrompidos? ¿Por qué Origen y Jerome, estudiosos
eminentes, tan explícitamente absuelven a los judíos de este crimen? Por lo tanto,
si no hubo corrupción ni antes ni después de Cristo, nunca la hubo.
Un escrito auténtico es uno en el cual todas las cosas son suficientemente
abundantes para inspirar confianza, uno al cual se le da el mayor crédito posible,
uno en el cual podemos estar totalmente seguros de que ha venido del autor cuyo
nombre lleva, uno en el cual todo ha sido escrito tal como el autor mismo deseaba.
Francis Turretin fue pastor y luego profesor de teología en Ginebra. En la historia de la Iglesia es conocido por ser apólogo y defensor de la fe.
Tomado de la revista Credenda Agenda, usado con permiso.