El plan original de Dios para la familia era que el esposo y la esposa vivieran juntos en armonía perfecta. Antes de la entrada del pecado, Dios era el guía del hogar. Adan
y Eva estaban sometidos a él. La sumisión mútua era la manera
natural de vida para ellos.
El contexto del relato que el Génesis presenta de la primera familia,
ha conducido a muchos a concluir que Dios designó a Adan como el jefe
de la familia. Pero ciertamente Dios no designaría a un hombre para
que se convirtiera en líder, sin proporcionarle al mismo tiempo las
cualidades necesarias para el liderazgo. Algunos hombres tienen más
capacidad que otros, pero todos ellos tienen algunas cualidades, y las
cualidades necesarias para el liderazgo también pueden desarrollarse.
Sin embargo, el rol de Eva como *ayuda idónea*
(Gen. 2:18)
no era menos importante que la posición del hombre. La asunción (asumir)
de roles diferentes nunca debiera ser motivo de desigualdad. Dios creó al hombre y a la mujer para complementarse mutuamente, por lo que el matrimonio
es una relación interdependiente y de mutua sustentación; aunque los roles
masculinos y femeninos pueden diferir, son igualmente importante y necesarios
para el bienestar de una sociedad saludable.
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